A razón de las últimas novedades del
caso de "La Manada" y tras la resolución de la
sentencia judicial, hemos creído de vital importancia dedicar varias entradas del blog a la problemática de la violencia de género.
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| Integrantes de "La Manada" |
La brutalidad de los hechos y la polémica sentencia de los jueces ha dejado conmocionado todo el país. Parece increíble que la condena final sea por abuso sexual y no por violación cuando es tan claro el uso de la violencia y la intimidación por parte de los cinco implicados. Esto nos ha llevado a pensar que existe una gran desinformación sobre los tipos de violencia machista: no solo es violencia una agresión física, sino también un continuo maltrato psicológico, pero parece que no crea tanta alarma social este último o, simplemente, es menos visible. Es por esto que queremos dedicar esta entrada a la prevención del maltrato psicológico en la pareja a través de una educación en inteligencia emocional.
¿Qué es la violencia de género?
Según la definición de la ONU, la violencia de género es «cualquier acto o intención que origina daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a las mujeres. Incluye las amenazas de dichos actos, la coerción o privación arbitraria de libertad, ya sea en la vida pública o privada»
Estas conductas violentas incluyen 4 aspectos: a) el control de los movimientos de las mujeres o la restricción de su acceso a la información o la asistencia (impedirle estudiar o trabajar, control económico, etc.), así como el aislamiento de su familia o amigas/os y de otras relaciones sociales; b) las relaciones sexuales sin consentimiento o forzadas; c) el maltrato psicológico, que comprende la desvalorización, la intimidación, el desprecio y la humillación en público o privado, y d) los actos físicos de agresión (p. ej., empujones, pellizcos, bofetadas, golpes, patadas, palizas, etc.).
Los estudios indican que suelen coexistir la violencia física, la psíquica y la sexual, aunque apenas hay trabajos sobre estas dos últimas. Los estudios cuantitativos se han centrado sobre todo en la violencia física, que es más fácil de medir y conceptualizar. Sin embargo, los escasos estudios cualitativos realizados muestran que para muchas mujeres el maltrato psíquico y la degradación son tanto o más intolerables, y con consecuencias en la salud y el bienestar similares a las de la violencia física (Heise, García-Moreno et al., 2003).

Los fundamentos del fenómeno de la violencia en la pareja surgirían a partir del carácter patriarcal de nuestra sociedad occidental (Hué, 1994), transmitido a través del proceso de “enculturación” que genera la consabida violencia simbólica por la que “hombres y mujeres reconocen la dominación masculina como el orden de la vida social” (García de León, 1994). La trascendencia que implica el hecho de interiorizar afirmaciones como éstas desprenden importantes efectos en la salud pública que resultan destructivos en la evolución de las mujeres, y más intensamente, en el desarrollo los menores. No hay que olvidar que la familia no sólo es el primero sino también el más substancial de los agentes socializadores que acompaña al individuo a lo largo del ciclo vital, inculcándole valores de igualdad, afecto y cooperación o en su defecto, normalizando las reacciones violentas hasta aparecer como único registro de afrontamiento de las situaciones de la vida diaria.
De esta forma, se entiende que la violencia de género se adquiere mediante aprendizaje social y que se produce cuando el individuo pasa por el entramado sistémico social que tiene lugar durante todo su cilco vital. Es decir, que hablamos de violencia de género hereditaria, de transmisión generacional.
¿Qué es la inteligencia emocional?
Esta dimensión responde a otro modo de entender la inteligencia más allá de los aspectos cognitivos, tales como la memoria y la capacidad para resolver problemas. Hablamos ante todo de nuestra capacidad para dirigirnos con efectividad a los demás y a nosotros mismos, de conectar con nuestras emociones, de gestionarlas, de auto-motivarnos, de frenar los impulsos, de vencer las frustraciones, etc. (Goleman, 1999).
Mayer y Salovey (1997) la definen como «la habilidad para percibir, valorar y expresar emociones con exactitud; la habilidad para acceder y/o generar sentimientos que faciliten el pensamiento; la habilidad para comprender emociones y el conocimiento emocional y la habilidad para regular las emociones promoviendo un crecimiento emocional e intelectual».
Nuestra propuesta
Partiendo de investigaciones que afirman que lo habitual es que las manifestaciones de maltrato psicológico sean siempre previas a las físicas (Follingstad, Rutledge et al., 1990; Loring, 1994; O´Leary, 1999) y cuyas repercusiones en la salud de las víctimas presentan un impacto psicológico igual o mayor al provocado por las agresiones físicas (Henning y Klesges, 2003; Sackett y Saunders, 1999; Street y Arias, 2001), apostamos por la necesaria intervención preventiva de carácter primario, es decir, que se anticipe a los efectos de la violencia en pareja antes de que ésta se produzca. Se trata de que víctimas y agresores rompan con los estereotipos marcados por el género y aprendan a través del desarrollo de la inteligencia emocional a establecer relaciones de pareja basadas en la empatía, el diálogo, la negociación, la cooperación y la resolución de conflictos constructiva.
Por tanto, proponemos la integración en el ámbito educativo de actuaciones dirigidas a prevenir la conflictividad en las relaciones de pareja a través de la implementación de programas basados en el entrenamiento de competencias comprendidas en la inteligencia emocional (especialmente, habilidades intrapersonales como la autoestima, el autoconcepto y el autocontrol) que permitan introducir cambios de actitud y comportamientos del alumnado en relación a la pareja.
Referencias bibliográficas
OMS (2005). El primer estudio sobre la violencia doméstica. Ginebra: OMS.
Garcia-Moreno, C., Watts, C., Jansen, H., Ellsberg, M., & Heise, L. (2003). Responding to Violence against Women: WHO's Multicountry Study on Women's Health and Domestic Violence. Health And Human Rights, 6(2), 112. http://dx.doi.org/10.2307/4065432.
Hué, C. (1994). Inteligencia Emocional y prevención del maltrato de género. II Jornadas sobre violencia familiar. Universidad de Zaragoza.
García de León, M. A. (1994). Élites discriminadas (sobre el poder de las mujeres). Barcelona: Anthropos.
Goleman, D. (1999). La inteligencia emocional en la empresa. Buenos Aires: Javier Vergara Editor.
Mayer, J. D., y Salovey, P. (1997). What is emotional intelligence? En P. Salovey y D. Sluyter (Eds.), Emotional Development and Emotional Intelligence: Implications for Educators (pp. 3-31). New York: Basic Books.
Follingstad, D.R., Rutledge, L.L., Berg, B.J., Hause, E.S. y Polek, D.S. (1990). The role of emotional abuse in physically abusive relationships. Journal of Family Violence, 5(2), 107-120.
O'Leary, K. D. (1999). Psychological abuse: A variable deserving critical attention in domestic violence. Violence and Victims, 14, 1-21.