"Para nosotros es muy importante que el alumno sea realmente el protagonista de su propio aprendizaje. Por eso hemos diseñado unos proyectos en los que el alumno sea el centro. Y a través de unas actividades significativas y reales lo ayudamos a desarrollar su proyecto vital; que aprenda a gestionar su tiempo y que aprenda a gestionar lo que hay a su alrededor. Ahora mismo vivimos en una sociedad muy cambiante, tanto a corto como a largo plazo, y es muy importante que el alumno aprenda a gestionar todo esto"
Así explicaba Jordi Sánchez en 2015 la importancia de la nueva educación que emprendían en el colegio concertado El Clot (Barcelona), un centro jesuíta barcelonés que ha cambiado por completo su currículum y metodología de enseñanza para adaptarla a la realidad social que vivimos y formar a niños preparados para el "hoy". En este centro, entre muchos de los cambios que se han realizado, destacamos el descenso significativo de las clases magistrales, la eliminación completa de los libros de texto y la evaluación por exámenes. Y no solo son los profesores los que están a favor del cambio y la actualización; son hasta los propios monjes jesuítas del convento que se encuentra ligado al centro los que apuestan por este nuevo tipo de educación basado en proyectos y de trabajo colaborativo. "También hemos eliminado la figura agonizante de Jesucristo en la cruz; ahora solo usamos cruces de estilo nórdico, con un carácter menos dantesco y algo más modernizado" afirmaba el prior de la orden jesuíta del centro escolar. "El ruido, por ejemplo, es frecuente en el aula. Los maestros no mandan callar. "Si estuvieran en silencio, no habría trabajo en equipo", explica Jordi López, uno de los tres profesores que tienen los 43 alumnos de 5º de Primaria B.
A día de hoy, este nuevo modelo pedagógico ya lleva en marcha en el centro escolar catalán cuatro años, y no parece haberles fallado. El por ello que pretenden seguir enseñando de esta forma, pues afirman haber contabilizado ya miles de casos de éxito escolar y ninguno de fracaso.
El cambio no solo costa de reformas pedagógicas en cuanto a metodología; también han contado con un excelente arquitecto de la capital de Cataluña que les ha realizado una reforma completa de los espacios educativos, creando unas nuevas aulas de 120 metros cuadrados que permiten el juego y el trabajo colaborativo a los niveles de infantil, primaria y secundaria. Estas clases, además, lucen de un despacho particular integrado por aula, una iluminación especial que evita el cansacio ocular, un espacio diáfano con colorido estudiado por expertos, una zona de graderío para la pizarra y un conjunto de mesas agrupadas de cuatro en cuatro para facilitar el diálogo entre los discentes.
Les dejamos, a continuación, la interesante noticia redactada por el diario El Mundo en el que se recoge un pequeño corto audiovisual que muestra, ademas de la experiencia de un profesor del centro, la de varios alumnos encantados con el cambio:
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